Espionaje en el Estrecho

Quien controla el Estrecho, controla el paso entre dos mares y dos continentes. Esa sola frase explica trescientos años de espionaje alrededor del Peñón, de los agentes dobles de la Segunda Guerra Mundial a la vigilancia naval de hoy.

La Operación Felix que nunca fue

En 1940, con media Europa ya bajo control alemán, Hitler encargó un plan para tomar Gibraltar por tierra: la Operación Felix. El plan dependía de un permiso que nunca llegó, Franco, pese a las presiones de Berlín, se negó a dejar pasar tropas alemanas por territorio español. Sin ese paso, la operación era inviable, y Gibraltar se mantuvo como bastión aliado durante toda la guerra, con su población civil evacuada casi por completo y una guarnición que convirtió el interior de la roca en un complejo de túneles y cuarteles subterráneos.

Un nido de espías en tiempos de guerra

La vecina Algeciras, y la propia Línea de la Concepción, se llenaron durante la Segunda Guerra Mundial de agentes de todos los bandos que vigilaban los movimientos en la bahía desde la neutral España. El propio Peñón, con su base naval y su control visual sobre el tráfico marítimo del Estrecho, funcionó como un puesto de escucha permanente, el tipo de escenario que, años después, alimentaría la imaginación de autores como John le Carré: ciudades fronterizas, dobles lealtades, informes que cruzan un control aduanero cifrados en algo tan inocente como un envío de tabaco.

Guerra Fría: el Estrecho como cuello de botella estratégico

Durante la Guerra Fría, la posición de Gibraltar en la boca del Mediterráneo lo convirtió en un punto de vigilancia naval de primer orden para la OTAN, especialmente para el seguimiento de los movimientos de la flota soviética entre el Mediterráneo y el Atlántico. La base naval británica mantuvo capacidades de escucha y seguimiento que nunca se han hecho públicas en detalle, como corresponde a este tipo de instalaciones, pero cuya existencia nunca ha sido un secreto para quienes estudian la estrategia naval de la época.

Rusia, China y la vigilancia del Estrecho hoy

Esa lógica geográfica no ha caducado. Analistas de defensa y medios especializados han señalado en los últimos años un seguimiento más estrecho de los movimientos de buques rusos, incluidos activos militares y embarcaciones vinculadas a intereses privados rusos, que transitan o hacen escala cerca del Estrecho, en un contexto de tensión reforzada tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. En paralelo, el interés estratégico chino por los puertos e infraestructuras del Mediterráneo, visible en inversiones en otros puntos de la región, como el puerto griego del Pireo, alimenta un debate más amplio sobre la competencia geopolítica por los puntos de paso marítimo del sur de Europa, del que Gibraltar, por pura geografía, no puede quedar al margen. Conviene leer estas afirmaciones con la prudencia que exige cualquier información sobre inteligencia y defensa: buena parte de lo que se sabe llega filtrado, y lo que no se sabe, como siempre en esta historia, probablemente pesa más que lo que se sabe.